Según Wilkipedia.
La ira o rabia es una emoción que se expresa con el
resentimiento, furia o irritabilidad. Los efectos físicos de la ira
incluyen aumento del ritmo cardíaco, presión sanguínea y niveles de adrenalina y noradrenalina. Algunos ven la ira como parte de la respuesta cerebral de atacar o huir de una amenaza o daño percibidos.
La ira se vuelve el sentimiento predominante en el comportamiento,
cognitivamente, y fisiológicamente cuando una persona hace la decisión
consciente de tomar acción para detener inmediatamente el comportamiento
amenazante de otra fuerza externa. La ira puede tener muchas consecuencias físicas y mentales.
Como controlar la ira
La ira descontrolada puede hacernos sentir muy mal. Si nuestros enfados, rabia o
frustración están afectando negativamente a nuestras relaciones con
familiares, amigos, compañeros de trabajo o incluso desconocidos, es
hora de aprender algunas habilidades para el manejo de la ira.
Tomarse un "tiempo": aunque
pueda parecer un cliché, contar hasta diez antes de reaccionar
realmente puede calmar nuestro temperamento, sobre todo si es una
persona compulsiva que suele hablar (o gritar) antes de pensar.
Poner un poco de distancia de por medio:
es aconsejable tomarse un descanso de la persona con la que estamos
enfadados hasta que nuestras frustraciones se disipen un poco. Esto
también nos permite planificar mejor cómo abarcar el asunto que nos
preocupa o que nos ha causado un disgusto.
Expresar de forma clara el motivo de nuestro enfado: es
saludable expresar la frustración sin confrontación. No por gritar mas
fuerte vayamos a convencer a nadie que tengamos razón.
Una
argumentación inteligente y honesta suele ser mucho mas eficaz que un
enfado monumental. Se convence mucho mas si se identifican problemas y
se plantean soluciones. Y si logramos convencer además al "culpable",
pues hay mucha mas probabilidad de que el problema no vuelva a surgir.
Hacer algo de ejercicio: la
actividad física puede ofrecer una salida a las emociones,
especialmente si estamos a punto de estallar. Salir a caminar o a
correr, nadar, levantar pesas o simplemente subir y bajar las escaleras
varias veces permitirá sacar la adrenalina de la ira sin
confrontaciones.
Pensar bien las cosas antes de decir nada: de
lo contrario, es muy probable que digamos algo de lo que nos
arrepentiremos después. Puede ser muy útil escribir lo que queremos
decir para ceñirnos al tema o problema actual. Cuando estamos muy
enfadados, es fácil dispersarse. Y si nos pasamos es muy importante
saber pedir perdón.
Identificar soluciones para la situación: en
lugar de centrarnos en lo que nos hizo estallar, trabajar
conjuntamente con la persona que nos enfureció para resolver el asunto
en cuestión. Esto quiere decir que también debe estar dispuesto a
escuchar la versión de la otra persona. No se puede llegar a acuerdos o
soluciones sin antes comprender (no compartir) el argumento del otro.
Hablar en primera persona al describir el problema: esto
nos ayudará a evitar criticar o culpar a la otra persona, algo que
podría hacer que se enfadara más o sintiera resentimiento, aumentando
la tensión. Hay que evitar que la otra persona se sienta acusada o
criticada para que no se ponga automáticamente a la defensiva. Podemos
decir, por ejemplo: "Me siento mal porque he tenido que hacer todas las
tareas domésticas esta semana" en vez de "Deberías haberme ayudado" o
"Eres un vago y no ayudas nada".
No guardar rencor: si
podemos perdonar a la otra persona, ambos nos sentiremos mejor. No es
realista esperar que todo el mundo se comporte exactamente como
queremos. El rencor es un sentimiento muy negativo. Una vez resuelta una
discusión es importante olvidar lo sucedido y no dejar que el
resentimiento o rencor siga dentro, listo para salir en una discusión
posterior. Intenta pensar en positivo.
Utilizar el humor para liberar tensiones: reírse
puede ayudar a disipar la tensión. No obstante, no utilizar el
sarcasmo; solo logrará herir los sentimientos de la otra persona y
empeorar las cosas. Si una risa le parece imposible, intentar al menos
una sonrisa.
Practicar técnicas de relajación: aprender habilidades de relajación y desestrés también puede ayudarnos a controlar nuestro genio cuando aparezca. Practicar ejercicios de respiración
profunda, visualizar una escena relajante o repetir una palabra o
frase para calmarnos, como "Tranquilo". Otras formas demostradas para
aliviar la ira son escuchar música relajante, hacer meditación, cocinar, escribir un diario y hacer yoga.
IRA: ¿QUÉ PROVOCA EN EL CUERPO Y A QUÉ PUEDE LLEVAR?
http://id.tudiscovery.com/ira-que-provoca-en-el-cuerpo-y-a-que-nos-puede-llevar/
Efectos físicos y mentales
Indica la Fundación para la Salud Mental de Reino Unido
que la ira prepara al cuerpo y a la mente para la acción. Se trata de
una respuesta natural y hasta sana a posibles amenazas, inspirando
sentimientos y comportamientos agresivos que son necesarios para la
supervivencia humana (por ejemplo, en caso de ataque).
“La ira estimula al sistema nervioso incrementando el ritmo cardíaco,
la presión sanguínea, el flujo sanguíneo a los músculos, los niveles de
azúcar en la sangre y la transpiración. Además, enfoca los sentidos y
aumenta la producción de adrenalina, una hormona producida en momentos
de estrés”, explica la asociación.
Al mismo tiempo de estos cambios físicos, se estima que la ira afecta
la forma en que pensamos: “Enfrentados con una amenaza, la ira nos
ayuda a traducir información compleja en términos simples: ‘bien’ o
‘mal’, por ejemplo. Esto puede ser útil en una emergencia, para no
perder tiempo valioso con información que no afecta instantáneamente
nuestra seguridad. Pero puede significar que actuamos antes de haber
considerado qué es relevante para tomar una decisión racional sobre cómo
comportarnos. (…) Cuando la ira se mete en el camino del pensamiento
racional, es posible que demos lugar a la urgencia de actuar
agresivamente, impulsados por el instinto a sobrevivir o proteger a
alguien de una amenaza”.
Ira vs. violencia
En la sociedad moderna estas emociones y reacciones son contenidas en
pos de normas comunes de subsistencia: las personas aprendemos a
expresar la sensación de ira explicando a otra persona por qué nos
molesta una actitud, a suprimir impulsos de enojo callando pensamientos o
enfocándonos en algo positivo, y a calmarnos reduciendo las respuestas
internas (el famoso “contar hasta diez” o respirar profundo), de acuerdo a la Asociación Psicológica Americana.
Pero en algunas personas, ninguna de estas técnicas alcanza. Esto
puede deberse a causas genéticas (personas que nacen con une tendencia a
la irritabilidad), psicológicas y socioculturales (las familias
caóticas y faltas de comunicación pueden generar individuos con
dificultad de controlar su ira).
En este sentido, lo que convierte a la ira en acciones violentas es
justamente la falta de control. “El auto control es clave para una vida
funcional, porque nuestro cerebro nos hace fácilmente susceptibles a
todo tipo de influencias. Mirar una película que muestra actos violentos
nos predispone a actuar violentamente. Incluso escuchar retórica
violenta nos hace más proclives a la violencia”, describe un artículo en Scientific American.
Una pérdida de control típica es la del bebedor que, con sus sentidos
alterados y gracias a algún estímulo malinterpretado, empieza a golpear
a otras personas.
Pero hay otro tipo de pérdida de control mucho más peligrosa: en los individuos capaces de realizar crímenes horribles (como la masacre de Columbine,
por ejemplo), los controles cognitivos no están ausentes, sino
trastornados. Es decir: no están fuera de control, sino que usan su auto
control en pos de un objetivo perturbador. Y en este tipo de casos hay
numerosos factores en juego, especialmente problemas de salud mental que
llevan al aislamiento social.
La ira es una emoción natural y sana, siempre y cuando se la mantenga
bajo control. Una curiosidad: esto es importante especialmente en
verano, cuando los niveles de ira y crímenes aumentan con la suba de temperaturas.
Para conocer más sobre los efectos de la ira no te pierdas el
episodio de PECADOS MORTALES titulado RECKLESS ABANDON, por
Investigation Discovery. Y para conocer más sobre el lado oscuro de
otros puntos y protagonistas del crimen, mira Estados Unidos Ilícito, por Discovery.
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La ira.
Todos hemos experimentado la ira alguna vez.
¡Incluso algunos disfrutamos con ella! La ira es un obstáculo al crecimiento espiritual
y puede adoptar muchas formas: gritos, violencia, respuestas cortantes y tonos hirientes,
fumar comprar, comer en exceso, dejar de comer, beber, drogarse, entre otras muchas cosas.
¿De dónde procede toda nuestra ira? Si
examinamos esta poderosa emoción, hallaremos que gran parte de nuestra ira realmente
procede del miedo a no poder controlar el resultado de una determinada situación o las
acciones de los demás. Surge de nuestra no aceptación de una situación dada o de la
manera en que una persona está actuando, que es diferente de la manera en que nosotros
actuaríamos. No entendemos por qué los demás no hacen las cosas a nuestra manera. A
veces, la ira proporciona a la persona enojada una sensación que la hace sentirse viva.
El corazón se acelera y la respiración se hace más rápida. La ira parece crear
energía. Yo solía disfrutar de mi ira porque me hacía sentir como si mis nervios
estuviesen calientes y listos para entrar en acción. ¡Había excitación en el aire!
Pero me di cuenta de que, además de la ira, existían formas más productivas de sentirse
vivo, y que las consecuencias de querer sentir más ira, en lugar de menos, me
perjudicaban, mental o físicamente.
Muy frecuentemente culpamos a los demás y a
las circunstancias de nuestra ira. ¿Cuántas veces ha dicho usted: "¡Me sacas de
quicio!"? En realidad, no es la otra persona quien le ha sacado de quicio, sino usted
mismo. Posiblemente porque sintió que la manera en que aquella persona estaba actuando no
era la manera en que usted habría actuado. Para usted, esa persona estaba equivocada.
Este pensamiento confunde mucho porque es sumamente sutil y por lo general pasa
inadvertido y nuestra mente consciente no lo detecta. Un ejemplo típico de cómo nuestra
ira se puede basar en el deseo de control puede verse en una frase como ésta, no tan
infrecuente: "No puedo creer que ella hiciese eso. Me pone a cien. Yo en su lugar
hubiera...".
Nos hemos convertido en personas que, en vez
de aceptar a los demás, tenemos miedo de quienes son diferentes de nosotros. Es un
círculo vicioso que hemos creado y del que debemos aprender a salir. Si alguien actúa o
parece diferente, lo clasificamos y encasillamos y decimos que está equivocado, tal vez
porque se viste o comporta de una determinada manera. Pero en realidad no estamos enojados
con esa persona porque es diferente, sino que más bien sentimos envidia porque es lo
suficientemente libre para ser ella misma. No tiene miedo a vestir de un modo diferente, a
manejar una situación de una manera diferente, a ser exactamente quien es, inmune a
nuestro control.
Somos una especie predecible, pero al mismo
tiempo también somos distintos. Cada uno de nosotros tiene sus propias características y
personalidad individual. Pero de algún modo todavía esperamos que nuestros hijos sean
"iguales que nosotros" y, cuando no lo son y desarrollan sus propias opiniones
acerca de las cosas, nos enfadamos y decimos cosas tales como: "No pareces hijo mío.
No sé de dónde sacas esas ideas. No eres como tu madre ni como yo". ¿Por qué nos
enfadamos de esa manera?
Nuestro hijo ¿cometió un delito o
simplemente expresó puntos de vista que son diferentes de los nuestros? Intentamos
enseñar a nuestros hijos a sostenerse sobre sus pies, pero a la vez les enviamos mensajes
verbales contradictorios. Lo que realmente les decimos es: "Puedes ser independiente
y tener tus propias opiniones, pero con tal de que esas opiniones coincidan con las
nuestras". Tenemos que aceptar a los demás como son y permitirles que sean lo que
sienten necesidad de ser.
La ira puede proceder del miedo, la
inseguridad, los celos y la envidia. Nos enojamos con los demás porque en alguna parte,
en lo más hondo de nuestra psique, inconscientemente, les vemos hacer algo que nosotros
siempre hubiésemos querido hacer y que, por una razón u otra, jamás hicimos. Entonces,
en vez de celebrar sus éxitos, los humillamos, porque no podemos aceptar la ira que
experimentamos en nuestro interior por no haber tenido el valor suficiente para llevar a
cabo nuestros propios sueños y deseos. En resumen: hemos vendido la libertad de ser
nosotros mismos y nos hemos amoldado a una sociedad que nos dice "esto se hace y esto
no se hace". Al enfrentarnos con nuestra ira y su verdadero origen, podemos
enfrentarnos con nuestros propios defectos.
Responsabilizarnos de nuestra ira y nuestros
actos, y ser honestos con relación a nuestras emociones, constituye una de las claves
para hallar la felicidad en nuestro interior, y la mejor cosa que jamás podremos hacer
por nosotros mismos. Considérelo como una inversión a largo plazo. Responsabilícese de
sus sentimientos y su ira en vez de echar la culpa a los demás.
Para garantizar la felicidad y la paz
interiores, tenemos que conocer de dónde surge nuestra ira y examinar honestamente esa
fuente. Lo que descubrimos sobre nosotros mismos no tiene que confesarse en medio de la
sala de estar o en la cafetería del trabajo o proclamarse desde una tribuna. Puede
admitirse en silencio, interiormente, en un momento de reflexión, y no hay necesidad
alguna de hablar de ello.
Nadie más que nosotros mismos es
responsable de nuestra vida y nuestros actos. Algunas veces el hecho o la palabra que
despiertan la ira no son su verdadera causa. Quizás es otra cosa que se halla por debajo
de las emociones, enterrada, hasta que algo dicho con toda la inocencia hace que la ira
salga a la superficie. Cuando esto sucede, lo mejor que se puede hacer es abordar
directamente esa ira. ¡Se quedará muy sorprendido al saber de dónde procede, e incluso
del tiempo que ha estado oculta en su interior!
Bien, ahora ya tiene una idea de por qué se
enoja. Pero ¿qué puede hacer para detener lo que usualmente acaba siendo un choque de
trenes mental? La respuesta: aceptación y comprensión. ¿Por qué está tan enojado y
molesto por tener que hacer una larga cola en el banco en una mañana de sábado? Porque
tiene tantas cosas que hacer... Pero ¿tiene que hacerlo todo precisamente esa mañana?
No, pero quiere hacerlas, de ese modo la próxima semana dispondrá de más tiempo libre.
Y mientras está de pie y haciendo cola, mirando con impaciencia al empleado, que parece
que tarda demasiado en realizar cada transacción, su irritación va en aumento. Ahora
trate de contemplar la escena desde un punto de vista un poco diferente: el empleado
ciertamente tarda más de lo que usted desearía, pero está haciendo bien su trabajo.
Está asegurándose de que las operaciones se realizan sin errores y que entrega la
cantidad correcta de dinero a cada cliente. Cuando le llegue su turno, ¿no le gustaría
recibir la misma atención?
Aunque no nos demos cuenta de ello, somos
los causantes de gran parte de nuestra ira. Necesitamos dar un paso hacia atrás para
percatarnos de dónde procede toda esa ira. Hay mucho que aprender sobre esta emoción
intensa. Una gran manera de enfrentarse con ella es interrogarnos constantemente y tratar
de descubrir en nuestro interior por qué nos sentimos tan irritados con una determinada
persona o situación. Después de cada respuesta debemos añadir otro "¿por
qué?", hasta que finalmente lleguemos a la raíz de nuestra emoción. Una vez
hayamos contestado todos nuestros "por qué", ¿cuál es el siguiente paso?
Pues o bien podemos ignorar lo que hemos
aprendido y continuar enojándonos, y posiblemente acabar con una úlcera de estómago (y
no muchos amigos), o podemos renunciar a nuestros deseos de control, no importa lo
inconscientes que sean, admitiendo que no nos es posible controlar determinadas cosas. No
hay nada que podamos hacer acerca de cómo piensan y actúan los demás. Y tanto si lo
aceptamos como si no, habremos de tratar con ciertas personas y situaciones que serán
capaces de alterarnos y que harán que nos enojemos. Así pues, ¿por qué no soltamos el
lastre de la ira?
Si no lo soltamos, nuestra ira se
incrementará, se volverá hacia el interior y con el tiempo puede que se manifieste en
forma de una enfermedad física. Otro punto importante es recordar que no pasa nada si no
se entiende una relación o una situación determinada, pero que es imperativo entender
que no podemos hacer nada para modificarla. Ya lo llamaremos karma, destino o proceso de
vivir y aprender, cada uno de nosotros debe intentar decirse a sí mismo: "No
entiendo esta relación, no hay nada que pueda hacer para modificarla, así que la dejo
correr y lo acepto como es".
Si descubrimos que nuestra ira tiene su
origen en la inseguridad o los celos (que son inseguridad, pero bajo otro disfraz),
debemos trabajar para cambiar esta actitud. Incluso la admisión -en silencio y a nosotros
mismos- de cómo reaccionamos a determinadas circunstancias es el comienzo del cambio.
Cuando antes hablaba acerca de la ira que se
va cociendo a fuego lento, hasta que de repente algún comentario hace que se vierta, me
estaba refiriendo a la ira equivocada. Suponga que un amigo o un compañero de trabajo
hace un comentario y usted pierde los estribos. ¿De qué está realmente enojado? Puede
que no sea de lo que esta persona ha dicho, sino del tono en que lo ha dicho. Tal vez
activó algo en su interior que le recordó a su padre o a su ex marido o incluso a un
profesor que le hablaba y humillaba con un determinado tono de voz. Por consiguiente, su
ira surge realmente de una situación no resuelta del pasado, más que de un problema del
presente.
¿Cómo se resuelve la ira equivocada?
Enfréntese con la fuente que origina su ira. Puede que la persona con la que está
realmente enojado no responda de manera receptiva, pero por lo menos habrá sido capaz de
hablar con ella acerca del problema. Sáquelo de su sistema. Si todavía conserva ira por
una situación pasada, y no hay manera de enfrentarse con la persona que estuvo implicada
en aquella situación, escriba una carta, vertiendo en ella todos sus sentimientos lo más
honestamente posible y, en vez de enviarla, quémela, liberándose de todas las emociones
que le han tenido atado durante tanto tiempo. Al mismo tiempo que quema la carta, pida
perdón a esa persona, para esa persona y para usted mismo, y pida la curación a los
espíritus que guían. Éste es un poderoso ritual, y ayuda a situar su ira contra los
demás y contra las situaciones no resueltas en el auténtico lugar que le corresponde.
También contribuye a dejar atrás el pasado. Al dejar atrás el pasado, uno está libre
para ocuparse del presente precioso.
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